27 de junio 2014

1:59 am

Estimado señor.

Inagotable fuerza para lo que venga.

Alegría, bienestar y fortuna.

Debo aceptar que en fondo me afecta su viaje, me afecta que usted se vaya, y así mismo —y con todo el respeto que usted  merece— me atrevo a confesarle lo siguiente:

¡Le quiero! —y eso no es algo que usted ignore— ¡le quiero mucho!.

Le quiero tanto que no me importa cuando vuelva, y quiero que sepa que no pienso en su regreso o en el decline de su amor.

No me importa su travesía ni las cosas horribles que pueda hacer el tiempo con mi recuerdo. No ahora, no pienso en eso, no pienso en el desamor.

Porque le quiero, le quiero de tal manera que venero nuestro tiempo, que no permitiré que las nubes grises opaquen la luz de lo nuestro. Quiero embriagarme de usted hasta el último sorbo, sin importarme el mañana —la resaca—, porque puede que usted se vaya hoy o el otro día o el otro, viene siendo igual, ya que se irá, y lloraremos y sufriremos y nos dolerá el alma y el corazón y sentiremos que la vida es tan corta que no habrá jamás un cariño igual.

Pero ¿por qué sufrir por el futuro?, ¿por qué llorar por lo venidero? ¡si el presente es tan hermoso!, si la dicha de su existencia ha llegado a mi camino y su mirada firme hacia el horizonte ha decidido observarme, ha querido quedarse conmigo en el hoy, en el ahora ¡en el nosotros!

¡Cuánto le quiero!

Quiero besarle hasta el último pedacito de pelo que reposa dócil sobre la almohada ahora que usted sueña, ahora que usted duerme y yo lo escucho roncar.

Le quiero de una forma nada extraña, de una forma peculiar, le quiero como se quieren las olas que arrullan al mar.

Le quiero, ¡le quiero! por bello, por galán, por cortés, por ilustre, por terco, por cielo, por ojos de corbata, por suyo, por ser como es, por ser como quiera que sea. ¡Por libre!

Quiero que disfrute, sueñe, aprenda y viaje, y feliz soy de que lo comparta hoy conmigo.

Busco las palabras, buscó algún cantar, busco algo que defina lo que ocurre pero nada es igual, nada podrá definir lo que siento, lo que me hace palpitar. La palabra adecuada, no es  aprovechar, la palabra correcta es valorar, porque sé que no somos eternos, ni nuestra ventura será inmortal.

No ansío que usted sea el amor de mi vida, no pretendo que me ame toda la existencia, porque nada de eso me importa cuando muero con su palabra y revivo cada día con sus besos.

Perdone si procedo de esta forma tan lunática, tan colorida, tan poco cabal, tan yo, pero ¡feliz es mi corazón! ¡y feliz su despertar hoy!

Le quiere.

T.

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