La indomable dicha de tenerlo en mi mente.


Han sido los últimos meses una travesía de emociones que plácidamente me ha llevado a sus brazos y es esta motivo de felicidad.

Me es difícil encontrar las palabras adecuadas para describir su nombre. Es usted un hombre tan sutil que cualquier término que use para su persona jamás será suficiente para el infinito que usted representa.

Muchos han sido los momentos, las palabras; muchos han sido los sentimientos, y a pesar de los miedos, no temo ahora de lo insólito; de encontrarme con su recuerdo en la brisa de la mañana,  en las plumas de los pájaros que vuelan desde el oriente hasta mi casa, llevando consigo su aliento y el mío, que en un pasado fueron uno y hoy llegan juntos a acariciar mi cabello después de haberle dado la vuelta al mundo.

De repente, soy la nota más alta en un solo de trompeta de cualquier canción de Ray Charles.

M

e cuesta no fundirme en sus ojos, no desvanecerme en su regazo, no dormirme en su pecho, aún sabiendo que al despertar su barba seguirá ahí…

Es usted la melodía que hace algún tiempo viene cantando mi mente.

“La indomable dicha de tenerlo en mi mente”.

Estar a su lado es desviar el camino fácil, es navegar la ruta de las emociones, deleitarse y disfrutar despacito del viaje.

Dormir a su lado es un doble orgasmo.

Estar a su lado es pues, acariciar lentamente un corazón ávido de su cariño.

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